La comercialización de las falsificaciones representa una amenaza real para la economía mundial. Pero esta afirmación se queda corta si consideramos además sus implicaciones sociolaborales: detrás de los productos falsificados suele haber personas explotadas.
El reciente estudio, “From Fakes to Forced Labour” (OCDE/EUIPO, 2026) del Observatorio Europeo de las Vulneraciones de los Derechos de Propiedad Intelectual, analiza minuciosamente la cuestión y aporta nuevas evidencias sobre la relación directa existente entre el comercio ilícito de falsificaciones y las prácticas laborales abusivas (trabajo forzoso, infantil, peligroso, empleo irregular y con altas tasas de accidentes laborales), que se dan especialmente en países con gobiernos y protección laboral débiles.
Los datos son claros: en los países identificados como fuentes de productos falsificados, existe una correlación entre protecciones de trabajo débiles y el aumento del abuso laboral (condiciones de largas jornadas, ausencia de contratos, maquinaria insegura, con niños y migrantes irregulares, …), lo que contribuye a que el comercio de falsificaciones sea más lucrativo.
El informe señala que en la lucha contra las falsificaciones no basta con estrategias antifalsificación ni con incrementar controles o incautaciones. Es necesario avanzar hacia políticas globales que protejan efectivamente los derechos de los trabajadores, respaldadas por marcos normativos sólidos y conductas empresariales responsables.
Ignorar la dimensión social y laboral de este comercio ilícito perpetúa el problema. Por eso, no hay que olvidar que combatiendo las falsificaciones también estamos defendiendo el trabajo digno.
Laura Conde
Abogada
